Semana Santa en Catacaos II Del Domingo de Ramos al Domingo de Gloria


ESCENAS DE SEMANA SANTA EN CATACAOS

por OSCAR GONZALES GARCIA




Aunque en diversas partes del mundo católico la Semana Santa es una fecha obligada de rememoración, ninguna otra ciudad tiene las características, majestuosidad y solemnidad de la que hace gala su celebración en Catacaos.
El peculiar conjunto de ritos, ofrendas y desfiles, contiene no sólo la mística y la fe religiosa, sino también agrega a ella la idiosincrasia del poblador cataquense, su temperamento y especial autenticidad de festejar lo que la tradición se ha encargado de transmitir a través de centurias enteras.
Así como Catacaos sobresale, tanto por sus apreciadas artesanías en el campo de la orfebrería, cestería, talabartería y textilería también lo es por la innegable singularidad de su manifestación religiosa hoy en día considerada como una de las fechas más importantes dentro del calendario turístico nacional.
Por tal motivo, actualmente ya no se piensa en estas actividades como meros festejos, sino que quienes tienen a su cargo la conducción cultural y política han de enfocarla desde la perspectiva turística, como un sector económico capaz de generar divisas para el fisco, así como también fuente para las rentas municipales.
Los motivos religiosos, son indudablemente, móviles para el turismo, y lo han sido siempre, sin afectar por ello la pureza religiosa de su objeto. Los desplazamientos hacia La Meca capital del Islamismo y las movilizaciones hacia Jerusalén, repercuten insoslayablemente en quienes ofrecen la infraestructura básica para las pernoctaciones. Por tanto ventilar el carácter religioso y folklórico, bajo una visión turística es garantía para engendrar nuevas tonalidades y características a la imagen de su pueblo, que como Catacaos, representa la cuna tallán y de la transculturización que ha acompañada al engrandecimiento actual del departamento de Piura.

DEL DOMINGO DE RAMOS AL DOMINGO DE GLORIA

La Semana Santa en este pueblo, se inicia con el Domingo de Ramos, dedicado a recordar la llegada triunfante de Jesús a Jerusalén, aclamado por las gentes y oficiándose una misa. Ese ingreso lo hace montando en una burrita blanca muy conocida en Catacaos como “la burrita de Ramos”, que la tradición refiere, fue traída de España, y luego su descendencia rápidamente creció hasta que manos ajenas hicieron desaparecer a esta raza de piajenos muy apreciada por los vecinos cataquenses acostumbrados a verla recorrer las calles de esta ciudad.
El Lunes Santo, recuerda la expulsión de los profanadores del Templo, y está dedicado a exhibir la imagen de Jesús, a la vez que se producen estruendos de camaretas cohetes y bombardas. El Martes Santo, recuerda la despedida de Jesucristo de Jerusalén, se ofician misas y sale procesión de imágenes del Señor del Prendimiento, el Señor Cautivo, la Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista.
El Miércoles Santo, hay misa, procesión arreglos en memoria de la presencia del señor en Betania. El Jueves Santo es uno de los más importantes, es el día de la última cena y en el templo se entrega al depositario, la llave sagrada del Santo Sepulcro y se le coloca una cadena en el cuello. En este día se ofrecen los “siete potajes” así como es de transcendencia el lavado de pies a cargo del párroco de la localidad.
El Viernes Santo, es el día dedicado a evocar la pasión y Muerte de Jesucristo, todas las banderas de los principales establecimientos de expendio de bebidas, visten de cintas negras, y la imagen es adorada por los feligreses que bajan de los diversos caseríos y anexos de Catacaos. Este día también se ofrece los “siete potajes”, pero esta vez hechas todas en base a pescado. El sermón de las tres horas, el solemne descendimiento del señor, la misa de catacúmenes, y la procesión del Santo sepulcro que dura toda la noche, dan a este día un variado ajetreo a los miembros de las cofradías.
El Sábado Santo es de adoración y el Domingo de Resurrección, culminan todos los ritos con la salida del señor del templo, acompañados en procesión por todas las imágenes bajo un imponente marco de solemnidad con banda de músicos, y todo un conjunto de estandartes, para escenificar el gran desprendimiento, cuando la Virgen María se despide de Jesús para ascender al cielo. Seguidamente se produce la quema de un majestuoso castillo de fuegos artificiales, y se oficia la misa de Pascuas en memoria de la resurrección.
Todos estos actos escenificadores de la vida, pasión y muerte del mesías prometido, confluye de una manera elocuente y precisaron con el contenido de la biblia, resaltados con simbolismos ritos y pasajes autóctonos, de apreciable conmoción religiosa de cuantos participan en su celebración.
Su aspecto religioso y su marcado atractivo turístico, tiene de por si ganado un verdadero asidero dentro del calendario nacional por su expresión popular folklórica, al que hace falta el aporte moderno para su explotación turística y que bien puede recaer en una labor más agresiva por parte del municipio cataquense.

PUBLICADO EN EL DIARIO EL TIEMPO EL 6 DE ABRIL DE 1985 PAG SIETE

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